miércoles, 1 de enero de 2025

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Un sábado en la tarde, bajo un cielo anodino cenizo y húmedo, acorde a un invierno del Sur, mientras caminaba en medio de mangales y humus, junto a mi amigo Gato, recordé a Andrea.

Comente vagamente: Qué será de la vida de Andrea?

Gato, todo pragmático, respondió: es el pasado, sabrá Dios donde estará o que hará.

Cierto, respondí. Pero quisiera saber algo de su vida. Al fin y al cabo, la conocimos por alguna extraña coincidencia y más allá de todo, ella al igual que todos nosotros tenía metas y sueños.

Aquellas palabras calaron en el alma de Gato. Suavizo su siempre rostro serio. Se que evocó a Andrea, y que al igual que yo, rememoró la imagen de una mujer menuda, joven, ágil, alegre, y simpática sudando frente a la maquinita de "Pump it up"

Gato contestó raudamente y casi solo para sí mismo "espero que este bien"

En el fondo sabía que esa pregunta azarosa había despertado en Gato recuerdos abandonados voluntariamente. Porque el, al igual que yo, teníamos en nuestros olvidos, memorias vivas de muchas "Andreas" con distintos nombres. En mi caso llámense Lidia, Carla, Jess, Wilma, Pame, Eliza, Laura, etc.

Y recordé amores lánguidos, alegrías vacuas y nostalgias erosionados por años de vaivenes azarosos de la vida moderna. 

Los dos callamos y de manera implícita cambiamos de tema... el trabajo, el automóvil, la situación política del país... trivialidades. 








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