Sentado en la penumbra de aquella plazuela, en medio de ropa usada por "hombres topos", basura, maleza y columpios destruidos contemplo aquella esquina.
Anochece y el cielo se tiñe de tenues colores naranja, amarillo y purpura, mientras la negrura avanza y devora todo vestigio de luz. El silencio se va apoderando del lugar. La cabina azul del telefónico público ya no esta. La plazuela ha quedado encajonada por construcciones de dos y tres pisos. Se ha habilitado un pequeño pasillo que da a la calle posterior. Todo luce derruido y abandonado, excepto los panfletos de las elecciones de la FUL 2025.
Cruzo raudamente la calzada. Un cielo azul y límpido tal cual postal fotográfica flota sobre la ciudad. La luz suave de otoño baña mi cuerpo. La luz oblicua alarga las sombras de las casas. Es un sábado de Mayo. El frio apenas ha dado una tregua. Estoy vestido con una camiseta y una (nueva) camisa de franela color gris metida dentro de mi pantalón jean azul y remato con unos tenis blancos. Faltan dos cuadras. Temo llegar tarde a la cita. 17:00 p.m. Es 1998 y estoy sudando profusamente.
Es casi mediodía. Estoy sudando, hace calor y la humedad de Febrero no ayuda a mejorar el ambiente. El ventilador chirria tratando de seguir funcionando. Estamos esperando al docente. 120 almas en un aula pequeña. Trivialidades de la vida universitaria. Alguien canta despacio y desafinadamente "Huele a peligro". De repente entras ofuscada al aula. Tu cara es de alivio al darte cuenta que no esta presente el docente de Estadística. De inmediato te sientas y empiezas a charlar con una compañera.
10 minutos después y de manera tacita todos empezamos a abandonar el aula. Te acercas a Jorge y preguntas por los prácticos dados a modo de tarea. Jorge te recomienda que hables conmigo; que soy mas responsable y tengo todos los apuntes en orden. Si tan solo supiera que no entiendo nada de la materia. Hablamos y quedamos en reunirnos. Un sábado, por favor. Que trabajo toda la semana. Claro, afirmo de forma efusiva.
Te despides y partes apurada... supongo que a tu trabajo. No lo se.
Toco la puerta, sin ser demasiado efusivo. Una voz femenina responde en voz alta desde el patio.
La casa luce totalmente cambiada. La entrada es ahora una puerta de latón nueva, color azul cobalto. El antiguo enrejado color arena sigue allí, solo que ahora tiene una lamina entera de latón del mismo color de la nueva puerta. Hay un (nuevo) alero justo en la entrada. A través de la entrada se puede ver paredes con pintura nueva y el patio totalmente encementado.
Respondo y aclaro que vengo a buscarte. Se abre la puerta de madera y entro a un tambo propio de estudiantes; paredes sucias, techo con tejas viejas y rotas. El patio enladrillado y desnivelado.
Vestida con jeans, delantal, una chompa con las mangas arremangadas, me das la bienvenida. Estaba lavando ropa, respondes.
No puedo quedarme mucho tiempo mirando al interior. Es una calle vacía y silenciosa... ha sido así desde que la cruce en Mayo de 1998. Temo que algún vecino desconfiado suponga que soy un vil ladrón y se de un mal entendido.
El cuarto se ve algo avejentado, paredes con pintura descolorada y manchas. Sin embargo le has dado un toque femenino y ordenado. Nos sentamos y empiezas a copiar los apuntes y los prácticos. Te miro y te veo hermosa. Tus cabellos crespos castaños recogidos en una pequeña coleta. Tu lunar en tu mejilla izquierda y tus ojos negros. Me miras y sonreís.
Apenas hablamos... trivialidades. Eso es todo, gracias. Media hora. Me sorprende lo rápido que ha sido todo. Escribo rápido por mi trabajo, aclaras. Soy secretaria y debo copiar rápido los dictados y las ordenes que me dan por teléfono.
Agradeces y me acompañas a la entrada. Te despides. Debo salir, me aclaras.
También debo salir. Estoy afuera y siento el sudor pegado en mi cuerpo. Malditos nervios. Me siento desconcertado. Sin embargo me recompongo y sonrió. Atardece. Cruzo la calle y seguidamente la (avenida) Busch. Viene un micro vacío. Sonrió. Me siento el dueño del mundo. Tengo 18 años y estoy empezando a descubrir el mundo de la conquista y el amor. Creo ingenuamente que ayudarte me hará ganarme tu corazón. En mi defensa debo decir que era muy inocente.
Camino rápidamente en dirección oeste y evito volver a la esquina donde esta la plazuela. Entro a una calle oscura.
Saliste y no volviste. Pasaron las semanas y tu ausencia me desconcertó. Abandone toda esperanza cuando un sábado por la tarde, Jorge me dijo que te habías retirado de la universidad. Trabajo, dijo de manera casual, mientras levantaba los hombros para mostrar su desinterés, al tiempo que entraba a la cancha a jugar futbol.
Salgo de la calle oscura, justo a dos cuadras de la avenida Busch. Es un sábado cualquiera de Mayo de 2025. 21:30 p.m.
Ya viene. Micro vacío, 27 años de diferencia. No hay efusividad, solo nostalgia.
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